jueves, 17 de mayo de 2018

¿Reciclamos?

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~~~ Todo puede tener otra vida (incluidos nosotros): ¡Recicla! ~~~

Normalmente, al pensar en la palabra reciclaje, nos vienen a la mente muchas ideas, todas ellas relacionadas con la reutilización de materiales. Y es que, muchas veces, no es necesario tener una gran imaginación para saber la cantidad de cosas y actividades que podemos realizar mediante esta acción. Claro que si tienes esa creatividad, ese don especial para hacer auténticas maravillas, mejor que mejor, pero no es lo más importante. ¿Las ventajas del reciclaje? Las conocemos de sobra, ya que desde niños nos han inculcado ese valor. Sin embargo, esta vez no vengo a daros la chapa con el tema del reciclaje de materiales, que de eso ya algunos podemos ser expertos absolutos (aunque también es fundamental, sobre todo si tenemos en cuenta la cantidad de dinero que ahorras siendo una persona práctica). Hoy vamos a abordar la idea del reciclaje desde otra perspectiva, una más humana, más cercana y que de igual modo nos incumbe a todos.

Al hablar de reciclar, propiamente dicho, podemos hacerlo en referencia a la actualización de ideas, sentimientos, hábitos o estados. ¿Qué cosas, acciones o actitudes te gustaría reciclar en tu vida? Pequeñas cosas, quizás perdidas en tu pasado que te gustaría volver a retomar. Por ejemplo: hobbies del pasado que te gustaría hacer de nuevo, encuentros añorables que quedaron perdidos, viajes que hicieron que el tiempo se detuviera y que te gustaría volver a recuperar, sensaciones de calma y relajación que echas de menos actualmente en un entorno de estrés... Párate y piensa, ahora tienes la oportunidad de cambiar el chip y renovarte, empezar de cero si lo necesitas. Seguro que algo hay, busca en tu interior y recicla ese deseo. 

Reciclar la mente es fundamental. Hay que intentar estar abiertos a nuevos mundos, a nuevas ideas y a nuevos horizontes. Si actualizamos nuestros pensamientos, cambiaremos nuestra percepción del mundo que nos rodea y, a la vez, transformaremos nuestra actitud para afrontar la vida. Descubrir oportunidades no es algo fácil, es necesario estar bien despierto para atraparlas. Por ello, resulta crucial mantener siempre una actitud positiva y abierta, que nos ayude a lograr aquello que ansiamos, así como despertar motivaciones personales ocultas o desconocidas hasta el momento.

De igual modo, no nos vendría mal reciclar un poquito también el corazón, los sentimientos hacia otros, pero sobre todo, hacia uno mismo. Eliminar las comparaciones, los pensamientos de "ése es mejor que yo". Limpiar todo tipo de odio o rencor, sustituyéndolo por perdón o, simplemente, por indiferencia. Debemos aprender a reciclar todos nuestros sentimientos negativos: ansiedad, miedo, tristeza o rabia, entre otros. ¿Cómo lo podemos hacer? En primer lugar, nos centraremos en lo positivo de una situación aparentemente desastrosa. Aunque sea más fácil reconocer los errores o el momento crucial en el que nos venimos abajo, hay que intentar mirar más allá, reconstruir los hechos y pensar en algo positivo que se quedó por el camino antes del hecho negativo. En segundo lugar, procuraremos no generalizar, no pensar que cada vez que pase algo similar, el resultado final será el mismo, cayendo, de esta manera, en un bucle continuo sin salida. Por último, debemos evitar tomarlo todo a pecho y creer que si ocurre algo malo, siempre será nuestra culpa porque somos así. Muchas cosas suceden y no dependen de nosotros, unas sí, pero otras no y tenemos que saber convivir con ellas sin machacarnos ni maltratarnos psicológicamente. Olvidar o dejar de recordarnos ciertos aspectos negativos, nos ayudará a llevar una vida mucho más sana y saludable.

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Y tú, ¿reciclas?

miércoles, 2 de mayo de 2018

Querer es poder

"Querer es poder" 

¿Cuántas veces habremos escuchado esta frase? Seguro que muchísimas, ya que querer es el principio para poder lograr algo. Querer es el empujón por así decirlo, lo que nos hace despertar el interés por emprender una aventura, el incentivo que nos ayuda a ir por algo. Sin embargo, debemos saber que con querer no basta para poder conseguir nuestra meta. Sí, es importante quererlo porque si no lo quieres no vas a ir a por ello, pero no es lo que verdaderamente hace que lo vayamos a conseguir. Para poder no basta con querer, hay que creer. Creer en ti mismo, en tus cualidades, en tus habilidades, en tu potencial, en tu esfuerzo, en tus acciones... creer en que vas a poder, vas a ser capaz de alcanzar tu objetivo. Y cuando digo creer me refiero a confiar en todas tus posibilidades, a pensar siempre en positivo, creer que se puede porque solo es imposible aquello que no se intenta y poner todo de nuestra parte para lograrlo.


Pero, ¿qué ocurre cuando al fin te decides a hacer algo y durante el proceso las cosas no salen como esperas? Comienzan las dudas, las indecisiones y te sientes perdido, sin saber cómo avanzar e incluso te planteas si realmente merece la pena continuar... Entonces, tienes dos opciones: Tirar la toalla y renunciar o usarla para secarte el sudor de la frente y seguir adelante. Lo importante es no decaer y, si en algún momento lo haces, debes volver atrás y pensar en qué te llevó hasta ese punto. Recordar todos aquellos deseos, la ilusión, el esfuerzo y el empeño que pusiste en cada paso que diste en el camino hacia tus sueños. También puedes refugiarte en aquello que has logrado hasta el momento, repasar con la mente todos los peldaños que has escalado, las piedras u obstáculos que has superado, que no te han frenado en tu insaciable búsqueda y analizar qué es lo que te queda por delante. Sólo así descubrirás que todo lo andado tiene un sentido, una fuerza que no debes perder y, que ahora más que nunca, tiene que llevarte a lo que tanto te mereces. Porque ya no es cuestión de quererlo, creerlo, ansiarlo o desearlo, sino de que ya va siendo hora de que el éxito llegue para quedarse a nuestro lado.

~~ El que quiere hacer algo, conseguirá un medio. El que no, encontrará una excusa ~~

miércoles, 4 de abril de 2018

¡Hora de florecer!

Sí, sí... como lo leéis.... ¡es la hora de florecer! Con la llegada de la primavera, no hay mejor momento para despertar de la monotonía del invierno apagado y conformista, en el que a veces nos encontramos inmersos. ¿A qué esperas para sacar a la luz nuevos sentimientos o actitudes? Esos que guardas escondidos o bien que aun no has puesto en práctica por miedo, inseguridad o desconocimiento. Al igual que las plantas florecen, las personas también pueden hacerlo. Florecer supone cambiar ciertos aspectos, puede que matices, de sus vidas y mejorar así una parte de sí mismas.

Todos tenemos algo que modificar, ya que nadie es perfecto y siempre se puede ser mejor persona, no mejor que los demás (creerse mejor que el resto puede ser peligroso, hay que tener cuidado con eso) pero sí mejor que tu anterior versión. Querer y pretender superarse a sí mismo es algo positivo, es una motivación para alcanzar nuevos objetivos y nuevas metas en nuestra vida. Hay que renovarse, no se pierde nada por intentarlo, si no funciona siempre puedes volver atrás. Algunos de los aspectos generales que podemos tener en cuenta en este proceso de cambio son los siguientes:

¿Sientes que de repente todo se te viene encima? ¿Te frustras enseguida porque esperas más de lo que recibes? ¿Ves que tus proyectos no tienen el resultado esperado? Paciencia. Hay que intentar tomarse las cosas con calma, no dejar que el estrés nos consuma. A veces la presión que nos ponemos nosotros mismos es peor que la que podemos tener desde fuera y eso nos ahoga. Por favor, no seáis masoquistas en ese sentido, con tranquilidad todo llega y con una buena organización también. Los días pueden exprimirse y sacarles mucho partido, solo hay que saber centrarse y no perder los nervios a la mínima.

Madurez. Utilizar más la cabeza, ser sensatos, no creerse "lo que nos cuentan otros" sino los hechos, lo que vemos con nuestros propios ojos. Ser coherentes con nuestra actitud, nuestros principios y nuestros pensamientos. Saber apreciar lo que de verdad importa y no perder el tiempo con fantasmas del pasado y/o del presente ni pajaritos o ideas erróneas que nos puedan meter otros en la cabeza. Crecer y madurar como personas, siendo nosotros mismos, lo que nosotros queremos ser, sin que nadie nos imponga un modo u otro de actuar. 

Empatía, solidaridad. Pensar más en los demás y no ser tan egoístas. En tiempos difíciles, la mínima ayuda se agradece de manera sobrehumana. Ponerse en el lugar del otro nos ayudará a ampliar nuestros horizontes, a querer mirar más allá de nuestra propia realidad y a entender un poquito más al resto de personas con las que compartimos la vida. Y es que, aunque no nos demos cuenta, nuestro día a día está lleno de vidas paralelas y de nada sirve encerrarnos u obcecarnos con nuestros problemas, olvidando que podemos distraernos compartiendo nuestro tiempo, nuestras experiencias y ayudando a los demás.

Menos pereza. No dejar que la pereza se apodere de nosotros, no acomodarnos, sino ser más activos, autónomos e independientes en algunos momentos. Lo fácil es decir "ya lo haré luego" o "mañana me pongo con ello", pero ese día nunca llega o si lo hace es porque hay una presión externa que nos empuja a hacerlo, pero no es un deseo que salga de nosotros. Por ello, hay que intentar que sea nuestra y solo nuestra la voluntad de realizar aquellas acciones que más pereza dan, a primera vista. Con motivación, nada costará tanto y todo será posible, sólo hay que encontrar esa chispa que nos encienda y nos hagan comenzar.

Hacer que renazca el amor. Mimar a tu pareja, a tus amigos, a tus padres o hermanos. Demostrar el cariño sincero a aquellos que se lo merecen, con los que compartimos nuestro día y a los que a veces, ya sea por orgullo o por enfado, les negamos ese derecho. Tener más detalles con quienes te rodean, no necesariamente materiales. Compartir tu tiempo, aficiones, pequeñas cosas... que te hagan crecer y evolucionar, tanto individual como socialmente. No sólo esperar recibir, sino también dar, tener iniciativa y ofrecer a los demás lo mejor que tenemos. Aquí también podemos incluir la pasión por el trabajo, aunque no sea el de tus sueños, así como la superación personal, instaurando destrezas, capacidades y habilidades que nos ayuden a ello. La actitud siempre es lo más importante.

Y como lo más importante es la actitud, cambiando eso veremos que todo lo que gira alrededor de nuestro mundo también cambiará. Lo principal es ser optimista, pensar en positivo, plasmar una sonrisa en cada acción. Buscar un motivo para seguir, aún cuando parezca que no lo hay. Confiar en uno mismo, en tus posibilidades... creerte y sentirte capaz de todo te ayudará a ver la vida de otro modo, con más ilusión y la certeza de que nada te va a detener en tu idea de alcanzar el éxito que te propongas (siempre por ti mismo, sin necesidad de pisar o hundir a otros, ya que para brillar no es necesario apagar la luz de otros).

Por eso, antes de florecer hay que identificar muy bien aquello que queremos cambiar, lo que necesitamos transformar, de lo que deseamos desprendernos y las aptitudes o cualidades que pretendemos mejorar o adquirir. Sin olvidar que no será un camino fácil, puesto que se necesita actitud, constancia y perseverancia, pero que con implicación y fuerza de voluntad estaremos más cerca de lograr nuestra meta. Florecer exige pasar por todas las estaciones, por todas las etapas. Unas veces estaremos más cerca y otras un poco más lejos, pero la motivación y la firme decisión de hacerlo posible debe ser superior a todo.


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domingo, 11 de febrero de 2018

Máscaras

Hemos disfrutado estos días de la fiesta de Carnaval, ese momento que todo el mundo espera con ganas y con ilusión, pues nos encanta disfrazarnos y transformarnos por unas horas en otras personas, seres reales o imaginarios. Fantasía, imaginación y creatividad no nos faltan a la hora de confeccionar nuestros trajes, más o menos logrados, pero cumplen con la función que les otorgamos, la de dejar a un lado nuestro sentido del ridículo y meternos en la piel de aquello en lo que nos convirtamos en cada ocasión. 

Las máscaras que cubren nuestras caras, dándonos un aire misterioso, son algo muy llamativo de esta época y que relacionamos inmediatamente con esta fiesta. De vez en cuando está bien esconderse tras una máscara o un antifaz y dejar de ser nosotros mismos por un rato, pero ¿qué pasa cuando estás tan a gusto detrás de ese disfraz y te cuesta quitarte la máscara y ser tu mismo el resto del año? Por desgracia hay mucha gente (más de los que creemos) que viven tras estas máscaras, ocultando su verdadero ser y fingiendo ser una persona que no son. ¿Qué les lleva a querer esconderse tras esa máscara? 
  • Principalmente, su inseguridad. Las personas que no se atreven a mostrarse tal y como son es debido a su falta de confianza en sí mismas. No están seguras de llegar a encajar en un grupo y ven más fácil ser otra persona, amoldándose a lo que son, piden o exigen los otros, solamente para sentirse aceptadas. También, son capaces de tener una doble cara, la real en unos contextos y la fingida en otros, manipulando y engañando a aquellos que se crean su papel, en unas situaciones u otras.
  • Falta de autoestima personal. No se quieren, no se valoran, quizás por traumas no superados o fantasmas del pasado que no logran aceptar. La realidad es que es más fácil evadirse y crear una personalidad de pega, con una vida totalmente diferente y muchísimo más interesante y atractiva que la que tienen en realidad, antes que asumir las carencias internas que puedan tener.
  • Miedo a la soledad. Como hemos señalado anteriormente, esa falta de confianza en uno mismo y la no aceptación personal, conllevan que la persona no quiera estar sola. Por ello, como medida preventiva y para evitar quedarse solas, se escudan en otra personalidad que les funcione para caer bien al resto, asegurándose de este modo tener a alguien siempre al lado (si puede ser un perrito faldero, mejor).
  • Por diversión. Para reírse de los demás, de los ingenuos que se creen su papel y con él todas las historias inventadas que pueden sonar muy reales, pero verdaderamente no serlo. Es muy fácil jugar con los sentimientos, las emociones y las ilusiones de otros, por eso hay que andarse con mucho ojo y no creer que es oro todo lo que reluce.
Existen personas que han utilizado tantos disfraces y máscaras a lo largo de sus vidas, tratando de ganar la aprobación o el cariño de otros, que ya no son capaces de definir quiénes son en realidad, pues se han creído sus propias mentiras. Por este motivo, hay que ser muy hábil y astuto para no creerse cualquier cosa y pecar de inocente cayendo en sus redes. Y, por el otro lado, ser auténtico sin miedo a lo que piensen los demás, sin intentar aparentar lo que no eres sólo por contentar a otros. Porque la amistad y la confianza ni se mendiga ni se compra ni se vende y lo primero es quererse a uno mismo, aceptarse y valorarse como uno es, con sus defectos y sus virtudes. Porque nadie es perfecto y jamás vas a lograr caerle bien a todo el mundo. Siempre es mejor que quien te quiera, lo haga por lo que eres en realidad, ya que toda mentira al final cae por su propio peso. 


~~ Aparentar lo que no eres, es vivir sin saber quién eres ~~

lunes, 29 de enero de 2018

Hasta siempre mi pequeño

Con lo maravilloso que fue el 2017... este 2018 empezó con la peor noticia posible: nuestro "pequeño" se ha ido. Todos los que hayáis tenido o tengáis mascota entenderéis que son como uno más de la familia. No eras mi gato, pero te quería y te cuidaba tanto como si lo fueras, como mi hijo, mi gato adoptivo. Te conocí tarde, pero desde el primer instante valoré cada detalle y cada momento juntos. Yo nunca había tenido un gato antes de conocerte y eso, junto con mi curiosidad e inquietud, suponía además de un reto, una oportunidad. Fuiste el primero y el único, algo que te hace doblemente especial en mi vida. Y es que son tantos los momentos vividos, que es inevitable no echarte de menos.

Siempre recordaré tus muestras de cariño. Cuando te restregabas en mis piernas para marcar territorio, cada vez que iba al baño y venías detrás para que te diera agua y cómo la bebías en el lavabo. Cuando me iba y me acompañabas hasta la puerta para despedirte. Cómo inclinabas la cabecita al retorcerte de gusto cada vez que te acariciaba. Las veces que apoyabas tu cabeza contra mi brazo o te tapaba la cabeza con tu mantita para que no te molestara la luz. Cuando al mandarte besitos con los ojos cerrados, tú también cerrabas los tuyos como muestra de complicidad. Cómo me chupabas los dedos de las manos cada vez que comía gusanitos. Cuando te ponías a mi lado para recibir el aire del abanico en los días más calurosos.Cómo me clavabas tus uñas y te aferrabas cada vez que te echabas a dormir sobre mí para que no me fuera. Todas las veces que te metías en el armario de los juguetes y parecías un peluche más.

Nunca olvidaré esas dos únicas veces que me maullaste con tu tierna voz. Ese movimiento de cabeza al olisquear la comida. Tu 'swing' al bajar las escaleras. Volver a casa con la ropa llena de pelos tuyos. Esa 'posición gallina', la más cómoda sin duda. Tus siestas con Papá Noel. La rapidez con la que 'volabas' al oír cómo se abría el armario donde se guardaban tus tan queridas barritas. La fiesta de las pompas de jabón. Tus infinitas posturas al dormir (cada cual más adorable y singular) y tu flexibilidad a la hora de lavarte. Esa peculiar manera de jugar al escondite sin quererlo durmiendo en diferentes sitios de la casa como la lavadora, la maleta, el armario... Pero, sobre todo, echaré de menos el sonido de tu cascabel cuando me oías llegar y venías a verme.

Gracias por tu enorme cariño desinteresado, por tu paciencia con esta loca de las fotos que solo quería congelar cada recuerdo. Por tu inteligencia, ya que no era fácil engañarte. Y por tu fidelidad, sobre todo en los días más difíciles... ahí estabas tú siempre, clavando tu mirada de "me importas" y acomodándote a mi lado para hacerme sentir mejor. Porque si hay algo que me derritiera, era eso. Gracias por dejarnos hacerte protagonista en cada acontecimiento especial (cumpleaños o aniversarios) porque, a fin de cuentas, eras uno más de la familia.


💝 Gracias por ser mi regalo diario y por todos los momentos vividos.
Siempre te llevaré en mi mente y en mi corazón 💝

lunes, 30 de octubre de 2017

Gente tóxica

Cada vez con más frecuencia oímos hablar del término "gente tóxica". Tóxico es todo aquello que causa trastornos o lesiones de algún tipo, algo dañino para nuestra salud. Es más normal encontrarlo como adjetivo que define a determinadas sustancias, pero actualmente se ha ganado un hueco en nuestra sociedad utilizar dicho apelativo al referirnos a personas que, de una u otra forma, también nos dañan, sobre todo psicológica y emocionalmente. Y os preguntaréis... ¿Qué tipo de personas son aquellas que consideramos tóxicas? Seguro que día a día os toca convivir con gente así en algún contexto de vuestra vida o también puede que conozcáis y os vena a la cabeza alguien en particular. A continuación, expongo algunos ejemplos de personas, que por su forma de ser, pensar y actuar en distintas situaciones son consideradas como tóxicas.
  • Se hace la víctima y se queja de todo. Es egoísta, por lo que solo importa lo suyo y, si puede, hace todo un auténtico drama. Lo único que importan son sus problemas y le gusta ser el centro de atención, así que, no te extrañe que intenten ocupar todo tu tiempo buscando que te apiades o les ayudes. Pero eso sí, sólo importan sus problemas, no los tuyos, tú no puedes compartir tu malestar porque siempre ella va a estar peor que tú.
  • Es envidiosa, celosa y actúa con soberbia. No soporta que la compartas con otros amigos ni que ocupes tu tiempo en otras cosas u otras personas. Quiere y exige que estés solo para ella, cómo, dónde y cuándo ella diga (faltaría más...
  • Constantemente vive criticando. Le encantan los cotilleos y, si no existen, se los inventa. El caso es tener algo de qué hablar y personas a las que descalificar. También pueden contar cosas que no deberían solo por el "morbo" de crear conflictos. Son muy fans del "me ha dicho Fulanito...", algo que sirve como prueba para determinar cualquier situación y convertirla en verdad universal.
  • Es negativa, todo le sale mal, no tiene suerte. Todo el mundo está en su contra y no puede hacer nada para remediarlo. No tiene metas ni sueños ni ilusiones y tampoco es independiente ni autosuficiente, necesita a alguien siempre a su lado que le ayude. Ya te puedes pasar la vida entera animándole, que siempre va a resultar en vano porque no hace nada para avanzar ni salir de ese estado tan deprimente (pobrecita...).
  • Se enfada con facilidad y cuando lo hace es orgullosa, rencorosa y oportunista, no dudará en echar cosas en cara (todo aquello que llevaba tiempo tragando, esperando el momento oportuno para hacerlo). También carece de empatía (algo normal al ser tan egoísta), no sabe perdonar ni pedir perdón porque ella nunca hace nada ni tiene la culpa de nada, siempre son otros los culpables y causantes de sus males, por lo que nunca asumen ningún tipo de responsabilidad.
  • Son manipuladores, la mayoría tiene dos caras, que van mostrando cuando les interesa o les conviene. Mienten y ocultan detalles o testimonios reales porque sólo buscar sacar información u otro tipo de interés específico. Son ventajistas, sólo te buscan cuando te necesitan. Son los reyes del chantaje emocional, sobre todo si te conocen y saben cuáles son tus puntos débiles, harán lo que sea para tenerte cual perrito faldero junto a ellos y te utilizarán hasta que se cansen y se busquen a otra víctima.
Por eso, mucho cuidado con quien te abres, en quien confías, no sea un lobo disfrazado con piel de cordero. Cuando conoces a alguien nuevo hay que ir con cautela, no desvelando todos tus secretos de golpe, ya que puede que ser que los utilice en tu contra. La confianza se va ganando y tú eliges cuándo, cómo y qué quieres compartir de tu vida con ellos. No porque le cuentes todo significa que ya vayáis a ser los mejores amigos, eso es un gran error, del que también se aprovechan si pueden comerte la cabeza y te dejas manipular con facilidad.

Así pues, podemos concluir diciendo que entendemos por gente tóxica, todas esas personas que por un motivo u otro no queremos en nuestra vida, porque no nos aportan nada, porque no nos hacen ningún bien, al contrario, nos dan más de un quebradero de cabeza. Así que cortemos por lo sano, si algo hay de sobra en el mundo son personas. Como bien dice el dicho, hay veces que "mejor solo que mal acompañado". Y cuando ya tienes mucha experiencia tratando con gente así, llega un momento que ya pillas al vuelo las intenciones y, como no les resulta fácil engañarte, pasan de largo.


Recuerda que los amigos de verdad son los que contamos con los dedos de nuestras manos, ni más ni menos. Así que elimina de tu vida todas esas personas que no viven por ti, ni se preocupan por ti porque solo tienen tiempo para sí mismas.

"Evitar personas no es hacer enemigos, sino purificar relaciones".

viernes, 14 de julio de 2017

Ser invisible

Con frecuencia, cuando escuchamos la expresión "ser invisible" la asociamos a una persona tímida, introvertida o vergonzosa que, por alguno de estos factores, la llevan a no abrirse a los demás. Así es, el problema siempre lo vemos fuera (es del otro, no mío) y, por consiguiente, es suyo en este momento.

Pero, ¿y si no fuera solo eso? Es decir, ¿el ambiente, la persona o grupo de personas con las que él o ella se siente invisible, realmente, no tienen nada que ver? Si pensáis de este modo, estáis equivocados. Lo fácil es eso, pensar que el problema lo tiene el otro, por tímido, por no confiar en sí mismo, por tener una baja autoestima, por falta de iniciativa, por no saber adaptarse a las circunstancias... y un largo etcétera de excusas que se pueden poner. No digo que en ocasiones no sea así, de hecho claro que es una parte que afecta a uno mismo, cada cual se conoce bien, pero no es lo único. Más importante que eso es el trato recibido, la atención que le prestes, la ayuda y el apoyo que le ofrezcas, el egoísmo u orgullo que dejes a un lado para pensar en el "fantasma", poniéndote en su situación.

A mí me ha pasado. Muchas veces y con el mismo grupo de personas, ¿casualidad? ¿Tengo solo yo el problema? Vale que al principio era muchísimo más tímida de lo que soy ahora y que me gustaba pasar desapercibida (no iba conmigo el hecho de llamar la atención), pero conforme cogí confianza y con el tiempo, cambié. Me volví más sociable, empecé a tener iniciativa, ideas novedosas y aporté la dedicación, responsabilidad, el compromiso y el trabajo de siempre (cualidades propias a las que no quise renunciar, pues son parte de mi esencia). ¿Qué pasó? Que de repente me vieron. Aunque sólo fuera como una estrella fugaz, ya que de nuevo y, a pesar de todos esos cambios que exigían y que cumplí, los cuales supusieron mucho para mí, de la nada todo se volvió más frío. Hasta el punto de ni siquiera mirarme a la cara cuando hablo. ¿Qué falta de educación es esa? ¿Es también un problema más que tengo que cambiar? Sí, me hizo cambiar, pero no mi forma de ser ni de actuar, sino mi manera de pensar. Me hizo ver las cosas desde una nueva perspectiva.

Por eso digo que son excusas realmente porque si tú no contribuyes a que esa persona se sienta invisible ignorándola, esa persona tendrá más fácil no sentirse así. Si nos pusiéramos un poquito más en el lugar del otro, comprendiéramos su realidad y le diéramos la confianza que se merece (o fuéramos educados, qué menos), quizás esa persona no se sentiría mal ni pensaría que todos sus esfuerzos resultaron en vano. Por eso, es fundamental no ponernos etiquetas ni dejar que otros nos las pongan. Y, lo más importante, aceptar que cada uno es como es y si quieres cambiar que sea por y para ti, no por agradar a otros, ya que para ellos nunca vas a ser lo suficientemente visible, siempre les va a faltar algo más. Hay tantas o más excusas que gotas tiene la lluvia.

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